En algún momento de mi vida le envié a Américo una imagen con cosas que deseaba para el día que me pidiera matrimonio. Entre ellas estaba la más importante, pedirle permiso a mis papás antes de proponerse y contratar a un fotógrafo que capturara el momento. ¡Se encargó de cumplir todo!

El día que me propuso casarnos utilizó el pretexto de hacerme una cena de aniversario en la que él cocinaría, por lo tanto iba a ser en su casa. Pasó por mí súper tranquilo y durante el camino nos la pasamos platicando. Estaba como si nada.

Cuando llegamos, caminamos en la terraza pero yo no sabía a donde estábamos yendo. Todo estaba arreglado para que fuera en un jardín escondido que había preparado por meses para este momento, del cual yo no tenía conocimiento alguno.

El jardín estaba iluminado con foquitos que te llevaban hasta la mesa donde había un arreglo de flores hecho por él.  Cuando apreciaba todo a mi alrededor, noté que ya estaba hincado con el anillo en la mano, me preguntó si quería casarme con él y le dije que sí, mientras el fotógrafo estaba escondido entre los árboles, retratando uno de los momentos más increíbles de nuestras vidas.

 

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