Alex y yo nos conocimos gracias a unos amigos en común, y aunque ese día no platicamos mucho, nos caímos súper bien.

Con el tiempo comenzamos a hablar todos los días y poco a poco fuimos descubriendo que teníamos muchas cosas en común, y desde la primera cita supimos que había algo muy especial entre nosotros.

Siete años después de un increíble noviazgo lleno de amor, me dio la mayor sorpresa de todas.

Me invitó a partir la tradicional rosca en la hacienda Santa Ana Kukab, que es de su familia. Yo no sospechaba nada porque es muy común que vayamos a algunas reuniones ahí. Hasta que me llevo a una parte recién remodelada, pero para mi sorpresa estaba todo decorado con flores súper bonitas y una mesita con un cofre encima.

Antes de procesar lo que sucedía, Alex camino hacia el cofre, lo abrió y saco una cajita. En ese momento comencé a llorar. ¡No lo podía creer!, solo recuerdo su sonrisa de oreja a oreja y que entre risas y lagrimas se hincaba y me pedía que me casara con él. ¡No dude un solo segundo al decirle que sí!

Las sorpresas no terminaron ahí, después me llevo a otro lugar decorado con antorchas y velas, me hizo mirar al cielo para que admirara los fuegos artificiales, mientras un pianista y violinista tocaba nuestras canciones favoritas de fondo en esta escena perfecta, donde solo podíamos emocionarnos de lo que venía para los dos.

Estoy segura de que Alex es el amor de mi vida y no puedo esperar a que llegue el día en el que estemos juntos para siempre.

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