Enrique y yo nos conocíamos por algunos amigos en común y nuestro amor por el ejercicio. Una mañana me saludó por Facebook y todo el día nos la pasamos platicando, hasta que me invitó a salir al cine. Desde ese momento pasaron dos meses para que me pidiera que fuera su novia y ahí comenzamos nuestra historia.

Hemos sido novios durante tres años. Ha sido mi apoyo en cada momento importante de mi vida. Sobre el matrimonio, hablábamos de nuestros planes y de cómo, para mí, la propuesta más especial sería sin mucho espectáculo y algo mucho más íntimo. Sin embargo, nunca vi venir lo que paso.

Un día antes de mi cumpleaños me invitó a cenar a su casa, iba a ser una visita casual con comida a domicilio, hasta donde yo imaginaba, pero me sorprendió por completo. Al llegar, siempre súper puntual, noté que tardó en recibirme pero nunca tuve tiempo de preguntarle, ya que lo primero que hizo al abrir la puerta, fue arrodillarse y pedirme que me casara con él, ¡estaba shockeadísima!, después de un segundo de no saber qué pasaba, lo abracé y por supuesto, le dije que sí. ¡Me había dado el mejor regalo de cumpleaños!

“Fue ese momento donde me di cuenta de que cumplió a detalle mi propuesta ideal, un momento muy especial, solamente de nosotros dos.”

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